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marzo 8, 2020

El territorio de las zomo palife

por Carolina Kürüf

Existen muchas formas de evidenciar la usurpación del territorio mapuche, pero no una tan callada como la del territorio corporal de las zomo mapuche. No representa esta historia de usurpación, menores antecedentes e historias invisibilizadas que la de muchas otras mujeres en otros territorios, esto incluye patriarcados colonizados, violencias de género, machismos internos  poscoloniales, desarraigo cultural y negaciones corporales. 

Representa el territorio corporal zomo mapuche, todas aquellas sabidurías ancestrales orales, legadas, transmitidas y en resistencia de nuestras ancestras. Habitamos este territorio lleno de demandas y de recuperaciones, en una guerra que posiblemente tenga mayores siglos de los que la historia contemporánea puede contar. Las zomo mapuche poseen legados culturales en todas las esferas del ser mapuche, prueba de ello es la diversidad de temáticas por las que circulan muchas lamngen en la actualidad como la recuperación de la lengua, la platería y joyas en general, la vestimenta, la comida, el telar, las semillas, el cuidado-cultivo de la tierra y los animales, las luchas por el agua y el itrfilmongen, la política y la dirigencia, la crianza y la educación mapuche, las hierbas medicinales, maternidad y fertilidad, el Palin y otros tantos kimün como alcances puede tener la mirada sobre el horizonte del mar.

Apropósito de esta reflexión y del 8M que nos viene a remecer esta historia invisibilizada de lucha femenina, quisiera dedicar este escrito a centenares de mujeres mapuche y no mapuche que han levantado el kimün del palin en la mujer. Ser zomo palife es un desafío que te conecta con lo corporal, desde las dimensiones de lo encarnado, lo espiritual y energético, desde los razonamientos y los sentimientos que despiertan una profunda convicción hacia lo propio, lo perdido, lo usurpado.  El kimün de las zomo palife fue callado, es parte de los muchos epistemicidios femeninos ancestrales negados por el sistema patriarcal. Existen antecedentes históricos, pero a ninguna persona que contara las historia chilena o mapuche se le ocurrió considerarla en primer plano y solo si leemos en detalle y vamos a las fuentes primarias podemos darnos cuenta de que siglos atrás, la mujer mapuche jugó palín. No es por tanto el zomo palin una moda o una innovación, ni menos un intento de querer matar la cultura, sino más bien una recuperación de un legado femenino que hoy con mayor fuerza se levanta para ayudarnos a entendernos y a volver sobre nuestro kimün mapuche.

«es innegable pensar que el desarraigo, violencia y discriminación sufrida en nuestras/os abuelas/los cayó y pego duro sobre las siguientes generaciones con graves consecuencias. Estas han sido principalmente el temor y la negación desde lo corporal. Lo mapuche en la sociedad chilena parece ser lo feo, lo tosco y lo bruto para lo masculino y lo abnegado y laborioso para lo femenino.»

Por todo el Wallmapu se levantan las zomo palife. Las del willimapu llevan las de 10 años haciendo sus torneos, en la frontera del BioBio las zomo universitarias ya han levantado un club, en Panguipulli y Valdivia las zomo han vuelto a jugar, en Curarrehue se ha llevado a cabo en dos años encuentro y conversación del palin de zomo, por Temuko warria hay otras más. La mapuchada Santiaguina no se queda atrás, existen más de 6 equipos de zomo palin permanentes que juegan los fines de semana y en muchos otros territorios las zomo están volviendo a jugar palin.  

Pero como todo retorno y recuperación territorial, el palin de zomo ha tenido que enfrentar una serie de batallas culturalistas, machistas y escepticistas. Lo cierto es que no podremos entender este tema, si no existe una revisión interna y crítica de nuestra historia generacional mapuche, pues es innegable pensar que el desarraigo, violencia y discriminación sufrida en nuestras/os abuelas/los cayó y pego duro sobre las siguientes generaciones con graves consecuencias. Estas han sido principalmente el temor y la negación desde lo corporal. Lo mapuche en la sociedad chilena parece ser lo feo, lo tosco y lo bruto para lo masculino y lo abnegado y laborioso para lo femenino. Esta iconografía mapuchuchistica nos ha convencido con ayuda de la religión y la educación, a creer que el cuerpo es pecado, debe ocultarse y la fragilidad e inmaculada imagen de la mujer debe ser protegida. 

«La mujer mapuche jugando palin se encuentra a si misma desde su esencia mas intrínseca, su corporeidad. Las experimentaciones como el cansancio físico, las habilidades motrices, las percepciones espaciales y el control corporal desestabilizan la zona de confort incuestionable de la “la mujer no juega palin”»

En este sentido he escuchado teorías acerca de que la mujer que juega palin podría dañar su útero o que la mujer no debe tocar el wiño de un hombre porque puede perjudicar el juego de este, ambos casos están muy cerca de las justificaciones de la caza de brujas en América, lo que me hace pensar en la trascendencia patriarcal poscolonial.  También escuché que nunca vieron jugar, ni escucharon que la mujer jugara palin, pero me pregunto ¿a Cuántas generaciones atrás corresponde esto? Porque el Wallmapu libre fue hasta 1883 y por tanto estamos hablando de cuatro generaciones en desarraigo y usurpación por el estado chileno; que dicho sea de paso se ha encargado de borrar todo el potencial cultural mapuche, fosilizándonos como pueblo guerrero e ignorante en los libros de historia. Por tanto ¿podemos confiar ciegamente en estos discursos de que nunca he visto o nunca ha jugado? Si lo miramos críticamente podríamos entender que la mujer mapuche haya tenido que dejar de jugar libremente, pero jamás que ha existido una prohibición de este kimün para ella.

La mujer mapuche jugando palin se encuentra a si misma desde su esencia mas intrínseca, su corporeidad. Las experimentaciones como el cansancio físico, las habilidades motrices, las percepciones espaciales y el control corporal desestabilizan la zona de confort incuestionable de la “la mujer no juega palin”, si bien identificamos, hemos sido negadas a potenciar nuestra corporeidad, no quiere decir que no tengamos las habilidades.  Todas quienes han jugado alguna vez saben que jugar palin requiere una alta demanda de concentración individual y colectiva a la vez, una alta tasa de decisión rápida y certera, una capacidad de espera y de reacción rápida. Me pregunto, ¿no son estas habilidades ya muy desarrolladas en las familias mapuche por la mujer?, acaso ¿criar, cuidar, trabajar, crear, apoyar no son cosas que siempre han hecho nuestras ancestras al mismo tiempo?, lo cierto es que todo ser humano se expresa y desarrolla a través del juego, ¿no es un derecho de la mujer-niña mapuche desarrollarse con un juego de su propia cultura? La voz de las zomo palife en una serie de entrevista y trawün en los que participado hablan de que el palin es volver a encontrarse con lo mapuche, es disfrutar, liberarse y sentir una energía que las potencia. Jugar palin para las zomo se ha convertido en la revitalización del palin ancestral, ese que era un espacio de convivencia social y desarrollo del kimün mapuche a través del ngülam y el ngütram.

«De pronto el fenómeno “mujeres jugando palin” ha circulado por la prensa como el despertar de las mujeres en un deporte de hombres, negando toda su historia. En este mismo contexto veo a hombres gritando a las mujeres, cuál directores técnicos, como debe hacer las jugadas, muchos otros gritando, como en el estadio o el circo las destrezas de las palife.»

Por supuesto que los palin de zomo tienen matices y que no todos son un espacio óptimo para el kimün mapuche, bueno, tampoco lo son el algunos palin de wentru ¿verdad?. Lo cierto es que me ha tocado observar un fenómeno muy parecido al del fútbol femenino cuando este empezó a masificarse en este país.  De pronto el fenómeno “mujeres jugando palin” ha circulado por la prensa como el despertar de las mujeres en un deporte de hombres, negando toda su historia. En este mismo contexto veo a hombres gritando a las mujeres, cuál directores técnicos, como debe hacer las jugadas, muchos otros gritando, como en el estadio o el circo las destrezas de las palife. No ocurre lo mismo luego cuando juegan los hombres, ellos juegan en total tranquilidad, y las mujeres, como ya hemos visto, se van a la cocina y a otros menesteres. 

Estas fue una de las razones por las que las zomo palife de Curarrehue hemos levantado ya dos encuentros de zomo palife para jugar y hablar de nosotras jugando palin. Lo cierto es que hemos contado con pocos wentru y algunas zomo apoyando desde afuera del paliwe las labores. Igualmente tuvimos que hacer pan y cocinar para nosotras, estar pendientes a ratos de nuestros hijos e hijas, lo que demuestra el legado patriarcal que en esta revitalización tenemos por tarea derrotar. Fue un dia y medio de palin, comenzamos con un Llillipun, luego yafutun para conocernos y presentarnos desde nuestros discursos, luego jugamos un palikantun para conocernos en el paliwe. En la tarde la conversación fue muy motivadora y nos reconocimos en nuestras debilidades y sueños como mujeres palife. Nos tocó defender nuestro kimün mapuche con un grupo de huinca que llegaron a discursearnos acerca de la paz, el amor y los pueblos originarios, pero detrás de ello incoherencias y violencias tradicionales que no dudaron en ponerse en evidencia. Este fue un momento para memorar, nos sentimos más mapuche que nunca y pudimos expulsarlos de nuestro territorio, así el palin de la tarde tuvo un sabor a weychan. Pernoctamos en el lugar y saliendo el sol se jugó el palin de despedida. 

Con todo lo vivido y al menos en estas últimas dos décadas podemos decir que ya es tiempo de levantar fuertes teorías acerca de la mujer y el palin mapuche, pues este territorio corporal legado de nuestras ancestras habita en nosotras que somos mujeres mapuche en resistencia y en creación permanente. Habitamos el palin en nuestro territorio corporal, lo estamos recuperando. No somos las guerreras que lucharon en Arauco, ni las niñas que jugaron palin en el wallmapu libre. Somos mujeres de este tiempo, que también es tiempo mapuche, somos mujeres mapuche y nos gusta jugar palin. 

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