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enero 23, 2020

Verónica, de la Brigada Cruz Negra: «tienen que haber manifestaciones fuertes en la calle, no sólo marchar, porque si no los poderosos van a seguir en la misma»

por equipo ACIWA

El fin de semana hablamos con Verónica Henríquez. Mujer de 52 años, vive en Labranza. Desde las primeras semanas de movilización es parte del equipo de compañer@s de la cocina comunitaria que acogió a quien necesitara un plato de comida, en la casita de la Facultad de Medicina. También, siempre ha estado apoyando con su trabajo las actividades que han ido desarrollando las organizaciones autoconvocadas de la ciudad. A cargo de la cocina del Encuentro regional de Asambleas, después del exquisito almuerzo que nos compartieron, conversamos con ella sobre su experiencia desde dentro del estallido en Temuko.


¿Como viviste estos meses de movilización desde el 18 de Octubre?

Han sido muy fuertes. Yo antes de este estallido era la típica chilena que estaba en su casita viendo tele. Estaba de acuerdo con algunas cosas, con otras no. Pero el día que empezó todo esto, fue como que mi mente se abrió. Me di cuenta que estaba viviendo en un mundo que no existía, empecé a ver cosas que no conocía.

Anduve una semana como en la calle. Me pilló el guanaco, lacrimógenas, y dije no, no estoy para la calle. Había escuchado de las ollas comunes, y a través de mi hija llegué a la Facultad de Medicina. Un día la estaban atendiendo la gente de las brigadas, vi la olla común y me acerqué. desde ese día no me moví de ahí en dos meses dos meses, encontré que era en lo que yo podía apoyar. SI bien el enfrentamiento directo no era lo mío, yo quería ayudar, quería estar en esto, vivir este proceso.

Así empecé a ir todos los días, llegaba a las 3 de la tarde a veces salía a las 2 de la mañana, todo sitiado por Carabineros. Ahí empecé a conocer muchas cosas, muchas personas, la gente de la cruz negra, por quienes siento la más profunda admiración, ellos han sido quienes me han cuidado, apoyado y dado fuerza para seguir estando acá. Desde el primer día me di cuenta que yo tenía que estar acá, y que quería estar acá.

¿Cómo sentiste estar rodeada de jóvenes, en un espacio muy diverso de personas que se armó alrededor de la Facultad de Medicina durante los últimos meses?

Soy la más adulta que está. Mucha gente adulta, la verdad no iba. No tuve oportunidad de dialogar con gente de mi edad. Pero no me costó mucho, en general no tengo problema en relacionarme con la gente joven.

Cuando empecé a ir, empecé a escuchar a estos niños, muchos menores de edad, sus historia de vida, que te hacen sentir como si uno viviera en un castillo, en un palacio, comparado con ellos. Ver la garra de los Cruz Negra, su motivación por ayudar a la gente, a proteger, a dar aliento, fue muy lindo.

Los chicos me decían, «Verito deja unos días, descansa», pero para mi se transformó como en un compromiso, de lunes a viernes. Empecé a tener pesadillas, empecé a dormir malísimo, soñaba con los carabineros, violencia.

Aún así, yo quiero seguir, pienso que vale la pena. Hay gente que me dice que estoy perdiendo el tiempo, que estoy dejando que los pacos me gaseen, o peguen. Pero siento que no me importa. Si tú no quieres participar no conversamos del tema no más, si a ti no te interesa. Tengo personas cercanas que saben que participo en esto, cuando nos vemos, no me preguntan como estoy o algo sobre el tema. No les interesa.

¿Cómo ves esta brecha que al parecer se esta abriendo, entre la gente sobre 45, 50 años y las más jóvenes? ¿hay miedo, la memoria de la dictadura?

Si, hay miedo. Pero yo veo más comodidad. Mucha gente que tiene que hacer un millón de cosas, y no encuentro que sea justificación. A mi parecer, cuando uno quiere puede hacer las cosas. Yo le decía algunos grandes como yo, «ven a ayudar un día, un par de horas», y me dicen «no es que mañana tengo que trabajar» algunos cercanos, por ejemplo.

Hay mucha gente que alega que el sistema está mal. Yo les diría, vengan a colaborar, ayúdennos a servir los platos, siempre hay cosas por hacer. Por eso veo más comodidad que miedo, en muchas personas de mi edad. Una actitud así como, «que los jovenes lo hagan».

¿Que impresión te deja el gobierno después de lo que hemos podido ver en estos últimos meses?

Los escucho y lo asoció con lo que yo viví en estos tres meses y me digo, lo que me están hablando es de otro mundo. Me da rabia, me da impotencia como los Carabineros golpean, matan, entraron a la Facultad de Medicina, se llevaron todo, sacaron hasta los lienzos, patearon los tarros de pintura, llenaron de lacrimógenas, no tuvieron piedad de nada. Y después dicen que no que quieren ayudar, que estamos todos felices.

Decepción, y dan mucha impotencia. A veces me dan ganas de llorar. Cómo no entienden lo que está pasando, lo que quiere el pueblo. Estamos pidiendo cosas tan sencillas. Pienso que el gobierno va a seguir con la represión. Son tan testarudos, no entienden absolutamente nada, nunca han entendido.

¿Cómo ves el futuro de la movilización?

Yo pienso que se necesita revolución. Si tú ves cuando hay una marcha pacífica o están en la misma Plaza, todos felices protestando, el gobierno sale dice «ahora estamos todos tranquilos», y ellos así estan felices de lo que estamos haciendo, se aprovechan de eso, de la manifestación pafífica. Ellos se lo atribuyen como que todo está bien, ya se calmaron, aceptan lo que nosotros decimos, les ganamos, tenemos la razón. Por eso, yo pienso que tiene que haber revolución fuerte, no me refiero a que sea todos los días, ni destruir tantas cosas, pero tienen que haber manifestaciones en la calle, no sólo marchar, porque si no los poderosos van a seguir en la misma.

Y siento también que los jóvenes tienen que buscar otras estrategias. Ya sabemos que no es muy difícil ser más inteligentes que los pacos. También, para que no expongan tanto sus vidas.

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