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enero 18, 2020

Kuamboka: «Hay que desarmarlo todo para poder construir algo decente, favorable para el pueblo»

por equipo ACIWA

El viernes 17 de Enero se dió inicio con un Acto Político Cultural al Encuentro «Abriendo Camino hacia la Asamblea Constituyente». Primera jornada que se verá complementada durante el sábado 18 y domingo 19 con espacios de reflexión política y de definición de acciones entre distintos espacios autoconvocados surgidos tras el estallido social a nivel regional. En la actividad, conversamos con Kuamboka, música regional, artista de letras concientes y rebeldes. Su nombe, palabra Suajili, que significa mujer guía, nos anticipa la claridad de las ideas que nos regaló durante esta calurosa tarde de arte cultura y política.


¿Cómo has visto los últimos tres meses de estallido social?

Los últimos tres meses han sido muy intensos, con harta tristeza desde un inicio. A diferencia del Chile Despertó, esta carga yo la traía hace mucho tiempo, por el hecho de vivir en esta tierra. Yo soy de Collipulli, zona roja. El tema de las violaciones sistemáticas a los derechos humanos yo la he visto toda la vida. No es algo nuevo para mi, ni para la gente que vive allá. Además, soy profesora, entonces siempre he visto la realidad de mis alumn@s, por lo que no fue algo que me sorprendiera, solo se destapó la olla y ahora fue lo mismo pero en macro. Gente que pensaba que estaba en un país tranquilo pero al final era pura mentira. El estallido social hizo destapar eso.

Por otro lado, la alegría. La alegría de que salga la basura, la mierda que hay en la clase política. Alegría porque la gente se salió de la vereda de la indolencia y la injusticia. Eso me alegro, saber que había mucha gente al lado. Hemos construido una confianza distinta desde el 18 de Octubre en adelante. Entonces son bien dicotómicos los sentimientos.

«El arte ha venido construyendo una historia, ha ido contando, profetizando, intuyendo, proyectando lo que iba a acontecer.»

Cambió un poco la manera en que nos relacionamos…

Si, absolutamente. Como que hoy cachamos mejor en quién confiar y en quien no. Estoy muy contenta con el estallido, pero es inevitable sentir dolor. Dolor con la muerte injusta, la violación. Si no nos duele eso, estamos carentes de humanidad. Desde ahí siento que ha sido súper duro, me ha remecido mucho.

¿Cómo se vive la práctica artística desde esta dicotomía?

Creo que el arte esta ahí siempre. Ahora se ha visibilizado mucho más. Muchas artistas en muchas áreas, no solo en la música, han ido previendo, presintiendo, canalizando a través del arte lo que esta pasando. Hoy podemos ver canciones, arte plástico, que reflejan el país que estamos viendo estos días, pero a través de obras que se hicieron hace uno o dos años atrás. Es interesante verlo así. El arte ha venido construyendo una historia, ha ido contando, profetizando, intuyendo, proyectando lo que iba a acontecer. No es todo nacido de ahora, sino que hay mucho de corazón puesto hace más tiempo, donde esto ya se veía venir, desde la revolución pingüina en adelante.

Hace un tiempo te había escuchado en un acto de No+AFP en Plaza Lautaro. Hace un rato Juanjo Montecinos nos comentaba lo cómodo que se sentía en estas actividades en la calle, en las plazas, que sus canciones las había hecho pensando en que fueran útiles para un momento como el que estamos viviendo. Con tus canciones me pasa un poco lo mismo ¿como has visto esta movida de artistas que han podido visibilizarse en esta coyuntura, algunos haciendo un giro y adecuándose al momento, y otros que vienen haciendo un trabajo hace rato, político, a través de letras y temáticas conscientes, de crítica y cuestionamiento, de cambio social?

Es complejo. he pasado por varias emociones al respecto. La primera, me alegra que se sumen. Hay gente que nunca había hecho música consciente y ahora cambiaron las letras, hasta cumbia consciente tenemos ¿Cómo no me voy a alegrar de eso? Esas iniciativas suman, son un aporte. Pero donde creo que se hace la mayor diferencia, es en la honestidad de los artistas. Y la honestidad, la gente la lee. Seguro que el estallido social para algunos puede ser un negocio, pero la gente no es tonta, y lee el corazón de los artistas. Se nota el amor, la sed de justicia cuando uno canta. La sensación de dolor. Eso hace la gran diferencia.

«Seguro que el estallido social para algunos puede ser un negocio, pero la gente no es tonta, y lee el corazón de los artistas. Se nota el amor, la sed de justicia cuando uno canta.»

Además siento que son procesos muy personales. Puede que un compa hoy se este aprovechando del momento, pero tampoco lo juzgo. porque es parte del asunto no más. Aparte que es tan difícil vivir del arte en Chile, es tan complicado, que en un momento de quiebre, ponernos a quebrarnos entre nosotras, a dividirnos entre nosotros mismos, es súper insano para el momento.

El estallido como idea es interesante. A nivel social quizás no hay manera de componer, de volver al orden que teníamos antes del 18 de octubre. Desde ahí, hay como dos ideas que emergen, siento, de solución al momento que vivimos. Metafóricamente, podríamos pensarlo incluso desde la violencia que el Estado ha ejercido sobre compañer@s que han sido mutilado de sus globos oculares. Hay algunos que piensan que lo que estalló hay que recomponerlo a la situación anterior, pero analógicamente, sabemos que un ojo estallado por un perdigón no se puede recomponer. Otros pensamos que hay que denunciar a los causantes del estallido, los responsables de la violencia, de las injusticias acumuladas, de las mutilaciones y la violación sistemática a los derechos humanos. Desde aquí ¿qué rol es más importante para el arte en estos momentos, sanar y recomponer, o denunciar?

Yo no creo que se pueda recomponer esto. Sería iluso pensarlo. Las cosas ya pasaron, no se puede recomponer. No se puede recomponer una sociedad quebrada. El ser humano ya está dolido, ya nos dañaron. Y estas heridas vienen de antes. Nos volvieron a sacar la costra, le volvieron a meter bala.

Desde mi posición, mi rol como artista, siempre tiene dos caminos. La lucha empoderada y para empoderar a otros en sus propias luchas a través de el amor, aunque suene un poco extraño, amarillo. Pero no lo veo de esa forma. El amor es la fórmula de sanarnos como sociedad, como individuos. Porque todos estamos dañados.

Por otro lado, las canciones están vivas. La canción como arte vivo va contando la historia, es un registro histórico. Y esa dimensión de las canciones no se puede omitir, no se puede obviar. la canción como registro, tiene la obligación de contar la verdad, la responsabilidad social de hacerlo, desde dónde la estas viendo. Sea a través de metáforas, la figura literaria que quieras usar, desde la sublimación o el registro vivo, como se quiera. Todo en esto momento debe servir para construir.

Hablemos un poco del contexto político más general. Estamos en un escenario de descomposición mas menos estructural, mas menos veloz, de la normalidad que la elite nos había construido durante casi 50 años ¿qué reflexiones haces del futuro próximo, de los procesos que nos tocará enfrentar en el corto y mediano plazo?

Que se destruya todo para volver a construir de nuevo todo. Que la clase política actual, tan turbia, se vaya. Hoy desde el arte hay un discurso político fuerte. Como que la música y la política se han vuelto a juntar. Hasta hace unos años estaba esa discusión, tipo, yo soy artista no soy político, como si fuese malo. Pero nuestros cuerpos y mentes son políticas.

«Es importante que como ciudadanos vayamos tomándonos todos los espacios políticos, incluso los formales, aunque no comparta mucho con la actual legitimidad de esos espacios. Creo que están las capacidades, siempre la hemos tenido, nos hicieron creer que no la teníamos, que esos espacios eran solo para una clase, de elite, privilegiada. Pero sí tenemos las herramientas para tomarnos el poder.»

Siento que ya se está construyendo un proceso, donde hay cada vez más artistas que quieren emerger como sujetas políticas. Incluso algunos amigos pensando en espacios de representación del pueblo. Antes eso no se veían esas realidades. Eran más común la realidad de ser profe y ser artista, pero no de ser artista y político.

Más gente esta hablando de tomar espacios. Es importante que como ciudadanos vayamos tomándonos todos los espacios políticos, incluso los formales, aunque no comparta mucho con la actual legitimidad de esos espacios. Creo que están las capacidades, siempre la hemos tenido, nos hicieron creer que no la teníamos, que esos espacios eran solo para una clase, de elite, privilegiada. Pero sí tenemos las herramientas para tomarnos el poder.

Hay que desarmarlo todo para poder construir algo decente, favorable para el pueblo. Que no nos metan de nuevo el dedo en la boca. Pero hacerlo no desde el conformismo, que hay que hacerlo con lo que hay. Tengo la esperanza de que se puede destituir este sistema para poder constituir otro.

Nos falta más convicción en el poder que tenemos cada uno. Quebrar nuestra propia idiosincrasia, de solo movernos en masa. El empoderamiento tiene que nacer de cada una de nosotras. Cuando logramos ese empoderamiento, lo transformamos en convicción. Y la suma de convicciones es lo que nos hace potentes. En este momento nos estamos volviendo a mirar. Todavía nos estamos tanteando.

Tengo la sensación que antes del 18 de octubre, vivíamos de la utopía pero estábamos vaciados de una táctica y estrategia a nivel colectivo. Desde del estallido, nos volcamos a la estrategia y la táctica del nuevo escenario, la ventana de posibilidad de cambio que nos empezó a ofrecer la historia, pero al mismo tiempo, como que nos vimos vacíos de utopía, nos dimos cuenta de la ausencia de una utopía convocante, amplia y diversa Desde esta idea ¿cómo piensas que vamos a reconstituir esa utopía, cómo se va a reconfigurar el poder en este nuevo período histórico?

Mi primera asamblea después del estallido social fue en Collipulli, en mi pueblo. Quería vivirla allá. Conocí a un montón de gente que no conocía, algunos que por primera vez salían a la calle. Entre esas personas, una señora me llamó mucho la atención. Una mujer adulta que tenía súper claro la importancia del tema local. Entre toda la discusión que se armó sobre el tema constituyente, ella dijo una cuestión súper simple, «tenemos que hablar del basural que nos tienen aquí a la vuelta de nuestras casas, que dejó x alcalde. ¿Cómo nos hacemos cargo de esos problemas ahora, antes de una asamblea constituyente?», esto dicho desde sus palabras, con su forma de pensar y decir.

Yo creo pasa por esta idea. Tomarse lo local, tenemos el poder de hacerlo. Esa es mi utopía. Los pacos que están ahí al frente [de la Plaza de Armas de Temuko], que están ahí por una orden, haciendo hora, habemos otros seres acá que estamos pensando. Nadie nos puede quitar el derecho a pensar y a construir a través del pensamiento.

Ahora ¿cómo nos tomamos los espacios de poder local? seguramente habrán mil estrategias entre nosotras. Yo no descartaría ninguna porque los movimientos locales se mueven con una personalidad propia, y yo creo que la gente lo está entendiendo.

En todo este proceso he podido recorrer hartos pueblos, y todo el mundo la tiene re clara. Solo falta el tiempo, como que la gente está esperando el tiempo correcto, preciso para que la cuestión reviente bien. En estos meses siento que solo saboreamos un poco no más del despertar social.

«Ningún niño que ha vivido esto le va a pesar desapercibida esta historia, y en algún momento de su vida adolescente van a pensar como procedieron sus padres, y van a tomar una postura, a favor o en contra de la que ellos tuvieron en este estallido.»

Creo que se viene denso este año, y dentro de mi utopía eso espero, que se venga denso. También entiendo que no hay lucha sin muerte, y esta también es una muerte espiritual, para muchos. Muchos ya no somos lo que eramos antes de Octubre, ahora somos otras, con otras convicciones, incluso mucha gente que no tenía puta idea de lo que pasaba acá en la Región, lo que el Estado hace con las comunidades. Muchos hoy día entendieron.

Entonces siento que hay un tiempo que esperar, para que la cuestión se torne realmente significativa, Todavía nos estamos conociendo, nos estamos instruyendo. Seguramente esto dará para largo. Por eso mi utopía la veo a 10 años, la proyecto mucho en mi hijo, de 11 años. Son los cabros que van a estar el día de mañana en la calle, que ya tomaron conciencia de este proceso, que igual lo están viviendo. Ningún niño que ha vivido esto le va a pesar desapercibida esta historia, y en algún momento de su vida adolescente van a pensar como procedieron sus padres, y van a tomar una postura, a favor o en contra de la que ellos tuvieron en este estallido.

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