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enero 9, 2020

De rojistas, chavistas y K-Pop. Comentario sobre los 200 años del temor a los “extranjerxs subversivos” del estado de Chile (parte I)

por Clive Echagüe Alfaro1 y Daniela Jacob2

El regreso  de los enemigos

Durante los últimos meses, Chile, conocido internacionalmente como laboratorio del neoliberalismo, ha llamado la atención internacionalmente por las intensas manifestaciones que han convulsionado lo largo y ancho de su territorio. Lo que inicialmente parecía ser una manifestación de descontento frente al aumento del pasaje de metro adulto en 30 pesos ha dado paso a  un movimiento social y popular, que ha visibilizado el malestar social frente a las condiciones de vida y desigualdad imperantes dentro del país.

La quema de infraestructura, principalmente estaciones de metro, centros comerciales y supermercados, también el saqueo de diversos locales comerciales en el contexto de las protestas, han provocado amplio debate, y también han servido a la criminalización, y por lo tanto invalidación, de la revuelta por parte del gobierno encabezado por Sebastián Piñera.

Así al momento de declarar el estado de emergencia en el país Sebastián Piñera planteara que: « Estamos en guerra contra un enemigo poderoso, implacable, que no respeta a nada ni a nadie, que está dispuesto a usar la violencia y la delincuencia sin ningún límite3».  Allí expresa un discurso que evoca la figura del enemigo interior del estado (y del pueblo de Chile), adjudicándoles a lxs manifestantes una violencia irracional y, por lo tanto, no deliberante.  Este enemigo, que además parece ser una unidad organizada (hay uno y no varios enemigos) no es un sujeto con el que el estado, ni el resto de los ciudadanos, puede negociar.

«[el Gobierno] acota la definición de violencia a la destrucción de infraestructura, pero omite implícitamente la violencia estructural del orden social, y declara como excepcional y aislada la violencia de las fuerzas del orden»

Así el gobierno, y la derecha, han manifestado un rechazo y una des-legitimación de la » violencia » que se ha adjudicado el movimiento social. Lo que acota la definición de violencia a la destrucción de infraestructura, pero omite implícitamente la violencia estructural del orden social, y declara como excepcional y aislada la violencia de las fuerzas del orden hacia los chilenos (manifestantes y no).

En este artículo buscamos resaltar una arista particular dentro de esta producción discursiva de enemigos por parte del estado desde la insurrección de Octubre de 2019. Esta es la que intenta situar las causas del estallido social en la acción o influencia extranjera. Esto tiene como consecuencia el establecimiento de un proceso de fronterización, que demarca el límite entre el país y sus enemigos. Así, las narrativas que han aparecido en Chile no sólo establecen las fronteras entre los buenos ciudadanos, y los «violentos», si no que han ido más allá culpando a extranjeros y extranjeras por la destrucción, particularmente en el metro de Santiago, o más recientemente han acusado la influencia exterior  a través de las redes sociales, que ha tenido al K-Pop como uno de sus acusados. 

Pero este tipo de aseveraciones, que asocian a los extranjeros con  la agitación política “subversiva”, no son nuevas en la historia de Chile.  

Escribimos con la hipótesis de que estas narrativas constituyen el campo sensible de las elites y la clase política chilenas, que debido a la historia del estado en Chile, como un estado oligárquico, centralizado y autoritario4, vienen a traslaparse con las prácticas del estado. Estas fabricaciones argumentativas, se encuentran investidas de una carga afectiva fuerte, y postulamos condicionan las formas en las que el estado y sus fuerzas del orden se dirigen a los manifestantes.

El peso de la historia 

Este tipo de aseveraciones parecen construirse sobre una creencia de larga data de la elite chilena, que establece que el pueblo de chile tiende al reposo, y no a la protesta social. En este sentido son ilustrativas las palabras que Diego Portales dedica a Joaquín Tocornal: “el orden social se mantiene en Chile por el peso de la noche y porque no tenemos hombres sutiles, hábiles y cosquillosos: la tendencia casi general de la masa al reposo es la garantía de la tranquilidad pública”5.

Esto genera una situación en que, si la masa chilena tiende al reposo, la sub versión, y su amenaza para la estabilidad del gobierno forzosamente vienen desde afuera del país.  De hecho, la Ley de Residencia de 1918 y su tecnificación en el Decreto de Ley N°1094 de 1975, se construyen para dejar fuera a los enemigos ideológicos del estado. Mostrando cómo, por lo menos desde comienzos del siglo 20, la llegada de extranjeros con ideas potencialmente subversivas es una preocupación  para el estado en Chile. Esta fabricación, ya en boca de las elites a fines del siglo 19, agradece la «santa ignorancia o sumisión«6 del propio pueblo chileno, y busca evitar la llegada del «rojismo» al territorio nacional7.

En palabras del aristócrata  Máximo Lira : 

«Si no oponemos a los esfuerzos del rojismo una vijilancia continua, una resistencia sin tregua,     si no ahogamos en su nacimiento a ese monstruo, después crecerá i llegará un día en     que ya no podremos resistir a su pujanza. […] ¡ Ai de Chile!»8.

Tal y como señalaron  Plaza y Muñoz (2013), la Ley de Residencia de 1918, graficaría explícitamente los esfuerzos de las burguesías de la época ante la “cuestión social” de la época y frente a grandes protestas, huelgas, que protagonizaron obreros de diversos sectores, muchos de ellos prácticamente esclavizados en las salitreras del norte del país. Plaza y Muñoz indicaron que para dicha época:

De la mano de la represión, algunos sectores de la clase dominante comenzaron a buscar explicaciones para dar cuenta del aumento de la conflictividad social y de la creciente organización sindical de la cual los sectores populares comenzaron a echar mano para sortear y combatir las precarias condiciones que la vida como asalariados les deparaba. Interpretaron que el roto, anteriormente taciturno, trabajador, obediente, ganador de batallas, comenzó a “responder” y a volverse levantisco, ¿cómo era esto posible? ” (Plaza y Muñoz, 2013 p. 109).

Esto desplaza el origen de las protestas hacia ciertas ideologías políticas subversivas que vendrían desde fuera del país, quitando el acento de su origen en un orden social desde ya basado en la explotación de la clase trabajadora9. Esto contribuye a naturalizar este orden social, apareciendo  su mantención implícitamente como algo deseable

Así, cuando Salvador Allende llega democráticamente a la presidencia de Chile en 1970 para instaurar la vía chilena (no revolucionaria) hacia el socialismo, el antagonismo de la elite, ahora amenazada en sus privilegios, hacia las ideas de izquierda se vuelve más fuerte.  El mismo día del golpe de estado de 1073, que viene a derrocar a Allende e inaugurar 17 años de dictadura, Gustavo Leigh, en ese momento parte de la junta militar, plantea la intención de eliminar el cáncer marxista del país. Proceso que involucro la desaparición forzada, tortura, asesinato y exilio de gran parte de la izquierda chilena. 

La idea del cáncer marxista parece haber calado hondo dentro de las fuerzas armadas: el General de Carabineros Enrique Bassaletti el 22 de Noviembre de este año, comparó las protestas que ocurrían en el país, con un «cáncer», dónde el uso de armas de fuego sería una “quimioterapia» en la que “ cuando se busca solucionar ese problema, se matan células buenas y células malas” 10. Observando así la revuelta y sus demandas, como una enfermedad que no es constitutiva del tejido social, y que por lo tanto puede ser extirpada. 

Asimismo, las ideas que expresa Cecilia Morel, esposa del jefe de estado, pueden insertarse dentro de este flujo histórico.  Este audio, insta a sus amigas, mujeres de elite a tener cuidado, asemejando las movilizaciones a una invasión “extranjera” y “alienígena”, mostrando su desconcierto, y también su incapacidad para reconocer en los manifestantes a los ciudadanos comunes y corrientes de Chile. Estas han corrido en paralelo a una serie de cadenas de textos en la aplicación Whatsapp, a veces por  personeros de gobierno, indicando una conspiración comunista financiada por Cuba y Venezuela para explicar las protestas y destrucción. Este tipo de aseveraciones, aunque rápidamente probadas falsas, llegaron incluso a ser parte de las noticias de La Tercera, uno de los diarios de mayor difusión del país11. Así, conspiración, invasión, presencia extranjera, van articulando una triada para producir un nuevo enemigo, que sin embargo tiene una estricta continuidad con una imaginación del peligro y de los enemigos del orden, que ha sido históricamente constituida dentro de la derecha y las fuerzas armadas.


1 Psicólogo y Magíster en Psicología Social, Universidad Católica del Norte. Seleccionado 2018 Beca BIO para estudios de doctorado en Estados Unidos 2021 (Fulbright-CONICYT). Docente, Investigador y Psicólogo del Centro de Intervención y Asesoría Psicosocial de la Escuela de Psicología, UCN. Integrante Agrupación por la Memoria Histórica Providencia.

2 Socióloga, Universidad Católica. Master en Antropología Social, realiza estudios de Doctorado en Antropología Social y Etnología, en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (EHESS) de París, Francia.

3 Sebastián Piñera, 21 de Octubre del 2019: https://www.youtube.com/watch?v=jlxxnm7dGUA

4 Díaz-Letelier, Gonzalo2018. Bajo el peso de la noche. Parte I: El dispositivo de la persona chilensis. La Raza Cómica. Recuperable online: http://razacomica.cl/sitio/2018/04/16/bajo-el-peso-de-la-noche-parte-i-el-dispositivo-de-la-persona-chilensis/

5 Diego Portales, «Carta a Joaquin Tocornal», 16 de Julio 1832.

6 Citado originalmente en la pagína 114 : PLAZA ARMIJO, Camilo et MUÑOZ CORTÉS, Victor. « La ley de residencia de 1918 y la represión de extranjeros subversivos » Revista de Derechos Fundamentales – Universidad de Viña del Mar No10 (2013) : 107 – 136

7 PLAZA ARMIJO, Camilo et MUÑOZ CORTÉS, Victor. « La ley de residencia de 1918 y la represión de extranjeros subversivos » Revista de Derechos Fundamentales – Universidad de Viña del Mar No10 (2013) : 107 – 136

8 Citado originalmente en la pagína 115 : PLAZA ARMIJO, Camilo et MUÑOZ CORTÉS, Victor. « La ley de residencia de 1918 y la represión de extranjeros subversivos » Revista de Derechos Fundamentales – Universidad de Viña del Mar No10 (2013) : 107 – 136

9 La época en que la ley de residencia se publica corresponde a la llamada «cuestión social» (1880-1920) que causó numerosas protestas en el país, y que tuvo como consecuencia también la promulgación de leyes sociales, tales como la ley de la silla (1914).

10 Fuente : http://www.gamba.cl/2019/11/general-de-carabineros-enrique-bassaletti-comparo-las-manifestaciones-con-un-cancer-y-aseguro-que-para-solucionar-el-problema-se-matan-celulas-buenas-y-malas/

11 https://www.latercera.com/nacional/noticia/aclaracion-articulo-publicado-la-tercera-error-del-nos-hacemos-cargo/881975/

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