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diciembre 21, 2019

Por manifiestos Anti Yuta y el fin de la violencia (parte III): Horizontes abolicionistas

por Clive Echagüe Alfaro1

Carabineros de Chile, es una institución que recién cumplirá un siglo de funcionamiento, para muchos eso es harto, pero yo sigo pensando que es poco respecto a los milenios de humanidad que llevamos porque nos invita a pensar libremente de que no siempre fue necesaria la policía, nos invita a imaginar que es posible vivir y un futuro sin Carabineros.


Hay mucho trabajo que hace Carabineros que puede ser hecho por otras personas,  debemos imaginar otras maneras de pensar la seguridad de la población que no involucren el uso de la violencia, la vigilancia y la corrección coercitiva. Cuestiones e iniciativas que ya existen, como por ejemplo la autodefensa y la seguridad comunitaria, han demostrado que no es necesaria la presencia amenazante de la policía en la comunidad, es necesario potenciar redes locales comunitarias que permitan a las personas apropiarse del territorio, organizarse, al contrario de aplaudir la presencia policial.

Entre lo poco que he podido revisar dentro del amplio programa y teoría abolicionista de la policía y las cárceles, se encuentran diversas alternativas como: 

  • Desarmar a la policía: son demandas que se han levantado para poner fin a la violencia eliminando el uso de las armas, como un aspecto clave para el fin de la violencia. También se pueden entender dentro de esta categoría las iniciativas recientes para eliminar el uso del gas pimienta, las bombas lacrimógenas, y balines. 
  • Reemplazar el trabajo de la policía: esta demanda propone la sustitución de funciones realizadas por policías. Busca por una parte, des-empoderar a la policía, al mismo tiempo  que se invierten esos recursos en producir nuevos puestos de trabajo y aprovechar de mejor manera los recursos económicos destinados a ello. Por ejemplo, lo que respecta a las denuncias por maltrato familiar, no debiese ser carabineros de Chile la primera entrada para poner la denuncia, sino otro tipo de organización, es sabido que a lo largo del país existen experiencias de redes de apoyo mutuo entre mujeres .  
  • Reemplazar y transformar las nociones de seguridad pública y social existentes: es necesario que se desestabilice de forma subjetiva y objetiva los significados que existen sobre la seguridad, la “inseguridad” bajo el argumento de la delincuencia, tiene una base social en la desigualdad y es un problema global. 
  • Desarmar las unidades militarizadas y especializadas en represión y tortura de la policía. Esta demanda por ejemplo, en nuestro país se puede 
  • Aportar a la construcción de comunidades organizadas que desarrollen formas de autodefensa y autorregulación de sus miembros.
  • Eliminar los controles de identidad. 
  • La observación y denuncia constante al abuso policial.

Ya son muchas las personas y organizaciones que con diversas iniciativas articulan proyectos abolicionistas, existen cientas de organizaciones a lo largo del mundo que también plantean esta alternativa, recordarla e invitar a que se conozcan para que del grito del “que no salta es paco” se organicen intenciones serias y responsables sobre cómo podemos hacer y luchar para, que la violencia burguesa instrumentalizada en el Estado no exista, no deben existir sus agentes que la hacen posible. Tenemos la necesidad de que se escriban esos manifiestos anti-yuta, que se organicen, que piensen en alternativas a la violencia directa para poner fin a su violencia.   

«Tenemos el derecho de indignarnos frente al horror y la brutalidad que ha significado el último mes. El pueblo exige vidas vivibles en las calles y lo que han recibido son solo muertos, castigos, golpes, insultos,matonaje, gas pimienta, gases tóxicos, golpes, torturas, violaciones, allanamientos, encarcelamientos ¡O sea, más injusticia!»

Nos debe movilizar a pensar esta necesidad, a sentir este llamado, a escucharlo ya que ese es uno de los sentidos que nos conectan con aquellos que perdieron  sus ojos. A quienes les arrancaron la vida o una parte del cuerpo. Un llamado, porque lo último que vieron esos ojos fue ese carabinero apuntando, riendo, enajenado en el uniforme como lo han relatado algunas de las personas afectadas. 

Tenemos el derecho de indignarnos frente al horror y la brutalidad que ha significado el último mes. El pueblo exige vidas vivibles en las calles y lo que han recibido son solo muertos, castigos, golpes, insultos,matonaje, gas pimienta, gases tóxicos, golpes, torturas, violaciones, allanamientos, encarcelamientos ¡O sea, más injusticia!  o migajas. Se pueden pedir miles de millones de dólares para desarrollar aún más a aquellos que son los responsables y ejecutores directos de la violencia, a quienes hacen todo lo que mencioné arriba.

¿Por qué ese dinero mejor no se utiliza en cambiar las desigualdades e injusticias? Cada día que pasa hay miles de personas más conscientes de cómo funciona el sistema y desean(mos) un futuro y vidas vivibles en el presente. La vida siempre es una intensa espera para la mayoría, quienes no somos parte de las élites de este país.    

Finalmente, siempre será bueno preguntarse y cuestionarse: ¿Debemos aceptar la policiación y militarización de la vida cotidiana?, ¿A acostumbrarnos a ver armas, cascos, cuerpos blindados y taparnos la nariz por los residuos de lacrimógena mientras caminamos por las calles? ¿En qué términos el empoderamiento legal de las fuerzas armadas aplica el Estado de excepción como normalización de la violencia y convierte el estado de excepción en lo habitual?¿de qué maneras el Estado ejerce su violencia? ¿cómo imaginamos el mundo sin policías? 


1 Psicólogo y Magíster en Psicología Social, Universidad Católica del Norte. Seleccionado 2018 Beca de Igualdad de Oportunidades para estudios de doctorado en Estados Unidos 2021 (Fulbright-CONICYT). Docente, Investigador y Psicólogo del Centro de Intervención y Asesoría Psicosocial de la Escuela de Psicología, UCN. Integrante Agrupación por la Memoria Histórica Providencia. Este texto solo representa la opinión del autor.

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