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diciembre 20, 2019

EDITORIAL: La funa de la violencia machista en la lucha social

por equipo ACIWA

¿Cómo hacer periodismo o comunicación en tiempos álgidos de movimiento social y funa machista? Ésta es una de las preguntas básicas que nos ha interpelado en estos casi dos meses desde que comenzamos a articularnos como equipo de comunicadores y comunicadoras en medio del estallido social.  

El posicionamiento ante situaciones de violencia machista y patriarcal, que hoy se manifiesta con brutalidad desde los distintos flancos del patriarcado, urge. Los abusos sexuales ejercidos por Carabineros hacia mujeres, hombres y disidencias en los múltiples episodios que hemos visto en el país y que sin ir más lejos, en Temuco tuvo lugar en la represión ejercida sobre el Bloke Disidente a principios de noviembre en una acción colectiva llamada “El Caupolicanazo”; representan con claridad la amenaza patriarcal intrínseco al aparato estatal.  

Al torrente de denuncias contra la violencia policial en redes sociales se han unido también una multiplicidad de funas y denuncias que están siendo utilizadas como herramienta de visibilización, principalmente por mujeres para realizar denuncias de violencia machista. Hoy la funa en redes sociales como mecanismo de búsqueda de justicia es una discusión abierta y controversial sobre la que existen diversidad de miradas; sin embargo e independiente de las posturas, lo indiscutible es que apuntan a la visibilización de prácticas opresoras y violentas que históricamente se han relegado a las esferas de la intimidad y lo privado, y que apuntan a quienes perpetúan estas prácticas, salvaguardados por un sistema eficaz en la impunidad. 

Ante esto, la performance “Un violador en tu camino” es una explosión que escaló a nivel mundial y ante la cual nadie queda indiferente. Al denunciar al violador, se denuncia a todo un sistema, judicial, político, económico, pero también cultural y social, que permite y protege su existencia mediante sus instituciones y su desesperante indiferencia. Los Pacos, los Jueces, el Estado, el Presidente. Todos ellos figuras masculinas, violadoras, abusadoras, cómplices y perpetuadoras; protectoras de este sistema bajo el manto de la impunidad. 

La lucha que comenzó en octubre desde los pueblos que habitan este territorio tiene como una de sus consignas remover las estructuras de lo que era considerado normalidad. Estructuras que trascienden a todas las esferas de la vida, en las dinámicas familiares, relacionales, sexo-afectivas, laborales, escolares, vecinales, en fin, la lista es larga. Algo que el feminismo nos venía diciendo y que hoy podemos ver como una necesidad de primer orden para la reconstrucción de un tejido social fracturado por la dictadura de Augusto Pinochet que aún vive y resuena en cada eslabón del Estado chileno.  

Es por esto que como equipo Aciwa nos sentimos convocados y convocadas a sumarnos al grito colectivo que acusa la impunidad y quiere romper con esa otra normalidad, esa que acepta el abuso en todas sus formas, la devastación del territorio, y como nos lo dicen una y otra vez las mujeres: la violación, el abuso y la violencia machista, la complicidad y el silencio entre amigos, el miedo a hablar y la culpabilización entre las víctimas. 

Quienes componemos Aciwa asumimos el compromiso ético de atender estas denuncias, desde el rol que hemos decidido adoptar como comunicadores y comunicadoras, entendiendo las complejidades que conlleva y aceptando los procesos colectivos e individuales que hemos de atravesar para madurar políticamente como personas y equipo. 

Es por ello que a través de la plataforma que significa Aciwa pretendemos abrir el espectro de voces que abordan los temas y negar la tribuna a personas denunciadas por estas y otras violencias. Es importante no seguir aceptando que el abuso se silencie u omita en favor de amigos, líderes, referentes sociales, compañeros de trabajo, organización y/o partido político. 

Compartimos la convicción de que intentar erradicar estas prácticas permitirá relacionarnos desde otros lugares para la construcción colectiva de nuevas formas de lo político, desde donde podamos imaginar nuevas maneras de convivir y crear; desde la autodeterminación también en lo que entendemos por justicia y reparación, por responsabilidad y buen vivir, invitando a la reflexión, el cuestionamiento y la apertura ante estos temas. 

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