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diciembre 19, 2019

Por manifiestos Anti Yuta y el fin de la violencia (parte II): ¿Es Carabineros de Chile una institución civil?

por Clive Echagüe Alfaro1

Existen diversos debates en torno al abolicionismo de la policía y las cárceles desde posiciones más radicales a posiciones más moderadas, de modo personal creo que en esta misión no es necesario jerarquizar entre las acciones más radicales y las acciones más moderadas. Si creo que es necesario discutir las posiciones en torno a un reformismo y a un abolicionismo.

El reformismo, plantea una reforma o una refundación de la policía bajo otros principios y con una serie de regulaciones, esa posición aún primitiva pero cada vez más popular en nuestro país, sería el llamado a refundar la institución de carabineros de Chile o bien de la creación de una nueva policía. El abolicionismo busca la desaparición parcial, gradual o total de las instituciones y los diversos artefactos y sistemas que componen el complejo industrial de la seguridad, el aparato policial, un ejemplo de ello en Chile serían las iniciativas que están levantando grupos de pobladores para eliminar el uso de las bombas lacrimógenas, los carros lanza gases y lanza aguas como los guanacos o los zorrillos. Creo que la tensión en torno al fin de las policías y las cárceles, estaría más cercano al debate entre el abolicionismo y el reformismo. En este texto yo asumo una posición abolicionista, que plantea a través de diversos medios, la regulación y la desaparición de la policía, con métodos combinados y creo que tomando en cuenta todas las medidas que emerjan desde el movimiento social para lograr un horizonte de ese tipo en nuestras sociedades, deben ser consideradas, amplificadas, difundidas y apropiadas en programas políticos, que permitan un ejercicio y un movimiento consciente anti policial.

«…no existe policía en el mundo que no ejecute la violencia, que su trabajo no sea el del uso de la fuerza y esté legalmente apto para portar armas y disparar a cualquier sujeto que sea interpretado como un “enemigo”.»

    Es necesario subrayar que quienes han planteado de forma más seria la desaparición de la policía en nuestro país es el pensamiento anarquista, pero también debemos reconocer que ese deseo debe traspasar a todes quienes buscamos la justicia social y la desaparición total o parcial del Estado como estructura violenta. También debemos considerar el fin de las policías como un problema y una causa global, no existe policía en el mundo que no ejecute la violencia, que su trabajo no sea el del uso de la fuerza y esté legalmente apto para portar armas y disparar a cualquier sujeto que sea interpretado como un “enemigo”.

En el caso chileno según Carlos Maldonado, Carabineros si bien nace como una institución de carácter civil, emerge rápidamente como una policía militarizada. La militarización de carabineros sería una tendencia histórica. El nacimiento de la policía en Chile tiene sus antecedentes en el marcaje soberano y territorial por una parte, pero por otra, convertirse en la fuerza pública correctiva del comportamiento civil. Si bien en Santiago, las primeras instituciones a partir de ello dependían del Estado, en regiones las policías emergen como una necesidad de los terratenientes, empresarios y esclavistas, y funcionaban de forma autónoma para la protección de la propiedad privada. Evidentemente la regulación y corrección del comportamiento civil tiene una génesis racista, encargada de pensar la sociedad desde el higienismo social, donde los principales sujetos de control eran las clases trabajadoras, las trabajadoras sexuales y sectores de la sociedad que vivían en disidencia a las normas de la sociedad burguesa. La consolidación de la regulación violenta del comportamiento como la imposición violenta de “lo normal” y la protección de la propiedad privada, se solidifican con el Decreto con fuerza de Ley N° 2484 del 27 de abril de 1927 que fusionó los servicios policiales y Carabineros con el nombre de Carabineros de Chile. Desde ese entonces, carabineros de Chile se ha dedicado a ser el brazo armado de los gobiernos para frenar los cuestionamientos al orden burgués, hetero-patriarcal y colonial del Estado chileno. Y si bien son autónomos del Estado, Carabineros de Chile pone en práctica nociones militares y burguesas de orden civil basadas en el higienismo social, el fascismo, el racismo, el clasismo, el machismo y el heterosexismo, resguardando “lo normal” desde el Estado. No es posible bajo ningún argumento sólido señalar a Carabineros como una policía con carácter civil, está construida en la militarización.

«Carabineros de Chile pone en práctica nociones militares y burguesas de orden civil basadas en el higienismo social, el fascismo, el racismo, el clasismo, el machismo y el heterosexismo, resguardando “lo normal” desde el Estado.»

Con el paso del tiempo, Carabineros de Chile en los distintos gobiernos ha cumplido un rol represivo. Tanto en gobiernos anteriores a la dictadura militar de Pinochet como en los posteriores gobiernos pseudo democráticos, todas las fuerzas armadas se fortalecieron, tanto legal y económicamente, como en torno al blindaje de armas y tecnologización de los artefactos represivos. El uso de la fuerza entonces comenzó a necesitar de otras prótesis: el guanaco, el zorrillo, las bombas lacrimógenas, carros blindados, y la tecnologización de un cuerpo especial de funcionarios para las situaciones altamente “conflictivas” como es Fuerzas Especiales. Carabineros es estructuralmente una institución encargada de violentar a la población civil para corregir su comportamiento o a fines de imponer una estructura estructurante del comportamiento “civil”, desde la cual se entiende la demostración del descontento o la protesta social como un comportamiento “incivil”. Incluso más recientemente, hemos todos sido testigos de cómo Carabineros de Chile incita y provoca a los manifestantes, e incluso utiliza métodos para que las protestas sean condenadas por la opinión pública. Han llegado al punto de fabricar situaciones, montajes y a generar ambientes que dan cuenta de la construcción de un laboratorio social para la represión.  

Si bien la soberanía y lo nacional emergen como una ficción, el poder y la fuerza policial son el poder físico del Estado, constituyen una física de la violencia. Las fuerzas armadas y policías son instituciones que están articuladas sobre la base del “trabajo violental” o “el trabajo de la violencia” que describe Micol Seigel (2018). Tanto las armas como el blindaje y excepcionalidad del crimen en dichos grupos, pueden leerse como esa física de la violencia. Frente a perspectivas no tan materialistas que niegan lo que hace la policía como un trabajo, recordemos que no podemos sacralizar una categoría que es residual de la economía colonial. Lo que hacen las fuerzas armadas es ejecutar, articular, pensar estratégicamente la violencia, practicarla, son agentes activos de ello. Hacen un trabajo violental, son los agentes activos que ponen en práctica la física de la violencia y del poder del Estado.

«La triada entre violaciones, tortura y asesinatos, no se pueden leer sino como la institucionalización de la violencia de Estado en la vida cotidiana, la institucionalización del horror como normalidad.»

En dichos términos, la presencia de un sujeto facultado por el Estado para portar armas y apuntar a cualquier ciudadano que sea imaginado o interpretado como un peligro, establece un régimen basado en la violencia, el castigo y el miedo. Las imágenes que circulan y hacen recordar al actuar más repugnante de las agencias de inteligencia y las policías durante la dictadura militar de Pinochet. La triada entre violaciones, tortura y asesinatos, no se pueden leer sino como la institucionalización de la violencia de Estado en la vida cotidiana, la institucionalización del horror como normalidad.

Con el nivel de represión ejercida, condenada globalmente, se suman los “Paco-Gate” que indican cómo la institución de Carabineros, como otras Fuerzas Armadas ha llegado a ese punto de corrupción, los miles y miles de millones de pesos que circulan en dicho institución,capitales que pueden ser invertidos en otros bienes sociales, son mal utilizados por los altos mandos para enriquecerse a sí mismos. Es una institución corrupta y no existe evidencia en el mundo, ni siquiera en la psicología  de que la represión, la violencia, el castigo y el encierro, puedan ofrecerse como posibilidades de cambio y desarrollo vital y social de las personas: al contrario, son motivo de múltiples traumas, tormento y malestar psicológico y físico. 


1 Psicólogo y Magíster en Psicología Social, Universidad Católica del Norte. Seleccionado 2018 Beca de Igualdad de Oportunidades para estudios de doctorado en Estados Unidos 2021 (Fulbright-CONICYT). Docente, Investigador y Psicólogo del Centro de Intervención y Asesoría Psicosocial de la Escuela de Psicología, UCN. Integrante Agrupación por la Memoria Histórica Providencia. Este texto solo representa la opinión del autor.

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